La Perla de la Unión. Un Simbolismo Universal.

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La "PERLA DE LA UNIÓN". Si todos aunáramos Creencia, en un Ser Único, sabiéndonos parte de Él mismo, la vida cambiaría.

Mi obra Maestra. Ven, dame la mano, vamos a recordar quién eres...

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lunes, 28 de enero de 2008

Crítica sobre mi novela "Pinceladas de soles y lunas" (D. Vicente Araguas)

AHÍ VAN UNAS PINCELADAS
Me piden que lea "Pinceladas de soles y lunas" y que después la comente. Y yo me aplico en la tarea que me encomiendan, con la presteza debida y el cariño que me merece un libro escrito con ilusión, como la que sin duda ha desplegado su autora. A quien, obviamente, no conozco sino a través de estas páginas, suficientes para entender muchas cosas de quien las ha escrito, y justas en su extensión para que no salgamos maltrechos de la batalla. De la lucha que toda lectura bien hecha implica. Con autores y contenidos, a riesgo a veces de enfurecernos con ellos, otras de caer en complicidades, enemigas del distanciamiento, tan preciso éste para que entremos en los libros con cierta lejanía que no tiene por que estar reñida con la pasión. Dicho lo cual me interesa decir que esta novela (con su aquel de docudrama) se lee muy bien (yo lo hice en tres sesiones sin que se me cayese jamás de las manos), suspendiendo al lector en un aire de emociones encontradas. Porque, primero, es imposible no simpatizar con la narradora, mujer llena de transparencias, entregada a una causa familiar que acaba venciendo. Y, segundo, que su historia (su intrahistoria), viaja en paralelo con la de Manu, y ya es de agradecer que coexistan aquí dos roles o papeles. Pero es que además el propio Manu nos brinda sus reflexiones hechas libro, con lo que esto tiene de “tour de force” por parte de la autora, esta Celia Álvarez Fresno, que sabe narrar pausada, demoradamente pero -ya lo dije- enganchando al lector de manera que este se sumerja, con la debida lentitud. Y aquí cabría hablar del “tempo lento” que Álvarez Fresno administra con toda corrección, lo que está muy bien en una época acelerada o alebrestada como la que vivimos. Luego, se me ocurre, los personajes creados por Celia son de verdad, no parecen el consabido cartón-piedra de los tiempos “light”, también para la novela realista, en los que vamos nadando, a veces -mejor- chapoteando. De lo que vengo diciendo podría (y debería) inferirse que lo he pasado muy bien leyendo este docudrama (o novela), real como la vida misma, sentimental como los poemas que Celia intercala. Me gustan también las máximas, aforismos o epigramas de Manu; algunos un poco edulcorados o previsibles, pero en general vigorosos y elegantes, como el estilo de esta autora que supera con nota la barrera de la dignidad exigibles a quienes ponen su oferta literaria ante el ojo público.
Pero es que además el resultado ha sido bien sabroso.

VICENTE ARAGUAS