La Perla de la Unión. Un Simbolismo Universal.

La Perla de la Unión. Un Simbolismo Universal.
La "PERLA DE LA UNIÓN". Si todos aunáramos Creencia, en un Ser Único, sabiéndonos parte de Él mismo, la vida cambiaría.

Mi obra Maestra. Ven, dame la mano, vamos a recordar quién eres...

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jueves, 15 de enero de 2009

La Tierra.



La Tierra; bien olvidado. Sustento de nuestros pies y alimento de nuestro cuerpo.
Magnetismo que atrae nuestro caminar, mientras la vida avanza, paso a paso, poniendo en ella el sentido cotidiano de todo aquel que vive.
Alimento que sacia el hambre de los suyos. Sintonía con la gravitación del cosmos. Abundancia esparcida, y carencia aparente en la propia abundancia.
La tierra nos posee. No poseemos la tierra. Somos parte de ella, y como tal, nos alimenta, nos da agua y manjares para que vivamos. Nos protege mientras nosotros vivimos con el cuerpo prestado.
La tierra gira y gira en un controlado movimiento, y sufre los martirios de los vientos adversos, matando a los que intenta mimar. Tormentas que se esparcen por el firmamento, desatando su furia, agrediendo a la propia esfera y a quien vive en ella.
Y nuestra Tierra algunas veces brama, cuando el sufrimiento se hace insoportable para ella, vomitando el magma que fluye, para decir que es poderosa y con su rugido intenta avisar de destrucción, cuando ve la injusticia del ser humano por el ser humano.
Alberga sus tesoros más preciados en el interior, intentando jugar al escondite, ocultando la prenda, para que la encuentren.
Quizás, intenta en ese juego, que quien tiene la fortuna de ser el primero en el hallazgo, emerja con el regalo en mano abierta y no escondido hurañamente, guardando lo que no le pertenece, porque no es suyo.
Quizás intenta decir que todos nosotros tenemos la parte visible, -nuestro cuerpo-, y que lo realmente valioso está en el interior, como le ocurre a Ella.
Que nuestros tesoros no se ven, y tenemos que buscarlos dentro de nosotros. Y que también debemos repartir nuestros hallazgos, como le ocurre a Ella.
Nos enseña los colores, los lugares, los cielos… nos ofrece su Todo, teñido de luces y sombras.
Acoge nuestros cuerpos cuando reposando despiden su andadura.
Me imagino el Planeta, insignificante, girando como una pelotita de ping pong, avistada por otros ojos que nosotros no acertamos aún a imaginar. Porque lo grande y lo pequeño puede no ser ni grande ni pequeño, dependiendo de quien observe.
Nosotros, partículas casi imperceptibles, estamos en el medio de las guerras naturales. Cuando el viento barre la faz, cuando los rugidos de los truenos se muestran implacables, cuando los meteoritos alcanzan su objetivo, son las guerras del grande contra el grande.
El agua desborda, empujado por las tempestades, y en su fiereza, arrasa todo aquello que intentaba respetar un día.
Nosotros yacemos o sobrevivimos en estas catástrofes naturales, de las que somos sufridores de segunda. Esa guerra no va contra nosotros, aunque seamos perjudicados por la circunstancia.
Nosotros formamos nuestra propia guerra de los unos contra los otros, mientras deshacemos colmenas y nidos. Mientras destruimos el campo y la vida.
Nosotros también albergamos guerras. Porque dentro de nosotros mismos se libran batallas.
Lo bueno habita y lo malo hacemos que habite. Aquí y allá. En los Universos y en las minúsculas vidas que pueblan lo no palpado.
Vuelvo a repetir que la vida es una gran Matroska.