La Perla de la Unión. Un Simbolismo Universal.

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La "PERLA DE LA UNIÓN". Si todos aunáramos Creencia, en un Ser Único, sabiéndonos parte de Él mismo, la vida cambiaría.

Mi obra Maestra. Ven, dame la mano, vamos a recordar quién eres...

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miércoles, 9 de febrero de 2011

Este jueves un relato "Besos"


No dejo de pasear de acá para allá, por esta playa que me abrasa los pies. El motivo por el que los llevo desnudos no es otro que, una vez, hace tiempo, tiré mis sandalias lejos. Me apretaban las cintas.
Ahora brinco para no abrasarme, mientras llevo una cesta llena de besos.
La costa está más que llena de turistas y cuando me ven, no dejan de mirarme con reparos al observar que quiero regalarles algo. Digamos que, se mosquean…

Cuando por fin, reparan en que no soy ofensiva, se dejan aconsejar:

Para las familias que están en grupo, con niños danzarines, padres cabreados, abuelos entristecidos por falta de atención… les alcanzo, besos tiernos, esos que saben descansar un tiempito en el papo ajeno. Para que perciba quien lo da y quien lo recibe, cercanía.

Cuando veo grupos de amigos, les regalo un par a cada uno. Para que se los intercambien, y sonrían con lazos amistosos.

¡Besos de matrimonio!, grito con toda la fuerza que tiene esta voz mía, entre aflautada y cantarina, mientras una marabunta de ojos se clavan en mí, que una vez más hago piruetas por los aires, para salir indemne de tanto fuego.

¡Aquí, aquí!, me dicen y entonces, mirando a una pareja de cierta edad, les ofrezco un beso tierno y otro reventón. De esos que a mí me gusta ofrecer a los amantes… mi debilidad.

¡Ay, los amantes!. Tengo un radar especial para detectarles aunque estén en el medio del mar. Soy capaz de zambullirme con mis pertenencias sobre mis espaldas, y poder regalarles algo especial, mientras admiro los chisporroteos de sus ojos. Entonces me lanzo al cesto para recoger esos besos, mullidos, rojos como el horizonte que hora dibuja ese sol que se marcha; jugosos, acariciadores, esperanzados y sobre todo… dulces como la melaza.
Al final, les dejo toda mi cosecha, para que degusten despacito, este de aquí, este de allá, ahora te doy yo, ahora me das tú… Como si en vez de besos se tratara de fresones carnosos.

Ya sé que no me ha quedado nada en mi cesto, pero no importa; llegará el día en el que alguien coseche para mí un beso gordo y jugoso.

¿No dicen que la vida es como un boomerang, que te devuelve con creces lo que das?
Pues eso. A esperar.